Una cosa necesita la secta de corte esotérico/ocultista/mágico para que sus sugestiones hagan mella en nosotros, para hacernos salir de la realidad ordinaria y lograr envolvernos en su fantasiosa visión de las cosas: que nuestra mente deje de funcionar con normalidad y experimentemos un “estado alterado de conciencia”.
Esta “disfunción” mental, en la que nos volvemos más receptivos a las sugestiones sectarias, a menudo hipnóticas aunque no seamos conscientes de ello, viene facilitada por la asunción del pensamiento mágico. Es como si entregásemos a la secta la llave de nuestra mente, porque con fantasías y engaños, pueden alterarse nuestras convicciones y valores, consiguiéndose manipular de esta manera nuestra voluntad (https://victimasectas.com/TecnicasDeControl.html). En el momento en el que reconocemos en ese grupo un poder misterioso o electromagnético, o ciertas facultades sobrenaturales en sus líderes o “maestros”, estamos poniendo nuestra mente en manos de nuestros captores: abrimos una fisura en nuestras capacidades cognitivas racionales, aceptamos que se manifieste en ellas el pensamiento mágico y permitimos que opere sobre nosotros una sutil inducción que nos mantendrá aletargados, en tanto sigamos sosteniendo estas creencias supersticiosas y participando de las actividades grupales que están diseñadas para perpetuar este no sospechado estado de trance.
Las expresiones culturales dominantes en nuestras sociedades estimulan en gran medida la adopción de estos clichés. La literatura, los cómics, el cine y las sagas televisivas están cargadas de incitaciones a introducir en nuestras vidas los esquemas mentales del pensamiento mágico.
¿Quién no recuerda a los Maestros Jedi de “Star Wars” y los poderes de “La Fuerza”? La magia está presente en buena parte de las películas de Walt Disney. Sagas exitosas como “El Señor de los Anillos” o “Harry Potter”, entre muchas otras, nos familiarizan con el universo mágico.
En la serie “Matrix” vemos cómo la realidad establecida científicamente se vuelve cuestionable y cualquier explicación alternativa pudiera resultar verosímil. Hace más de un siglo, en un ambiente cultural que se vería marcado por la irrupción de la ideas teosóficas, las novelas esotéricas de Bulwer-Lytton y Gustav Meyrink, entre otras, pusieron los cimientos del arrollador resurgimiento del ocultismo y pensamiento mágico. Hace unas décadas, el ocultismo esotérico vió su explosión con la supuesta llegada de la ‘Era de Acuario’. Por supuesto que no hay nada de malo en que el cine, los cómics, la literatura o la televisión nos muestren elementos fantásticos, pero sí que se observa en ocasiones un propósito deliberado y explícito de defender o divulgar los postulados del esoterismo.
La mentalidad “alternativa” que se construye de esta manera, la cual supone cuestionar los grandes consensos científicos y la idoneidad del pensamiento racional, crea las condiciones indicadas para que sea posible que adoptemos actitudes que nos hacen vulnerables a las sugestiones sectarias. A este caldo de cultivo hacen sus aportaciones buena parte de los amantes de la “parapsicología” y del estudio del fenómeno “ovni”, además de, por supuesto, los propagadores de las “teorías conspirativas”.
Vemos a menudo cómo se generan engañosas expectativas sobre la existencia de poderes paranormales, cómo se toman en serio los delirios de auto proclamados “contactados con extraterrestres”, que dicen recibir mensajes telepáticos, que tan solo ellos escuchan, y cómo se induce una desconfianza patológica en hechos bien establecidos por la Historia y la Ciencia. No hablamos aquí mismo de sectas, pero sí de colectivos que suelen poner en valor una actitud de renuncia al rigor racional y científico y que, por eso mismo, acaban favoreciendo las actividades de las sectas destructivas.
Si creemos fácilmente que existen energías sutiles que ciertas personas saben manejar, o que existen fraternidades ocultas que poseen secretos y misterios que pueden cambiar radicalmente nuestras vidas, no será raro que un día nos topemos con quienes dicen ser iniciados en ‘ciencias esotéricas‘, que poseen las claves secretas de la existencia, que pueden ver en el “más allá”, que son capaces de observar nuestras “auras”, o muchas otras cosas parecidas. Si afrontamos ese encuentro con actitud desprevenida y confiada, e ignoramos el peligro que supone la sugestión ambiental y grupal, es muy posible que caigamos en las redes de una secta. Si funcionamos con estos esquemas mentales, y al encontrarnos con un desdichado enfermo de esquizofrenia lo que vemos es a un elevado “maestro” que ha alcanzado la clarividencia, sentiremos hacia estos grupos un poderoso atractivo, que convertirá en vulnerable nuestra interpretación de la realidad, haciéndonos creer lo que un posible grupo sectario desee hacernos creer que es real (Revisar nuestra explicación sobre el Trastorno Psicótico Compartido).
Tengamos en cuenta que, en los ambientes de estas agrupaciones de corte esotérico/ocultista/mágico, todo lo que impresiona nuestros ojos y nuestros oídos está cargado de sugestiones sutiles y mensajes subliminales para inducir en nuestro subconsciente la idea de que estamos en el lugar escogido por la Luz, o la Verdad, para manifestarse; y si a ello se añade la comunicación no verbal, a través de gestos o miradas sugerentes de adeptos “avanzados” que están poseídos por una profunda convicción de estar iluminados y/o esclarecidos, estaremos en la situación idónea para ser asimilados por una secta, sin percatarnos de ello.
Pues los “miembros más adelantados”, y que más convencidos se muestran, han pasado antes por un intensivo proceso de persuasión mental enmascarado como “progreso espiritual”. La captación, en circunstancias así, parece justificarse en la evidencia de que tales ‘alumnos avanzados’ transmiten una impactante sensación de seguridad. Experimentamos una fascinación y ello hará que confiemos en el grupo y «pasemos por alto» cualquier incongruencia doctrinal, procurando justificar o racionalizar todo aquello que «no encaje», pues la presencia de adeptos que nos transmiten esa sensación de confianza nos parece una evidencia de la efectividad de la doctrina. Esto se debe a que el verdadero proceso de inducción se desarrolla a nivel emocional y subconsciente. El resultado será sumergirnos en una psicosis compartida que nos hará habitar en un “universo alternativo” en el que lo irreal y lo maravilloso formará parte de nuestro día a día. Y todo comenzó abriendo una “pequeña” fisura en nuestras capacidades cognoscitivas racionales al aceptar (“al abrirnos a”) los postulados del pensamiento mágico.
Autor: Lcdo. César Grau Mompó![]()
Edición: Prof. Salud Pública, MS., Myrna García







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